BIOGRAFÍA

Sería D. Claudio Planás el personaje llamado a suceder a la generación de pioneros ferroviarios que pusieron en marcha diversos ferrocarriles del Principado y a consolidar bajo una única dirección el fruto de tantos esfuerzos, logrando la constitución de una extensa y fundamental red ferroviaria que llegaría a contarse entre las primeras de España. Y todo ello -a diferencia del resto de grandes compañías del momento- en base a capitales y a esfuerzos autóctonos.

Del primero de quien recogería el testigo sería de su propio padre -D. Francisco Planás Molist-, impulsor de la Cía. de los F.F.C.C. de Tarragona a Martorell y Barcelona. Pronto se configuraría D. Claudio como el nuevo hombre fuerte de aquella Cía. que, nacida modestamente, luchaba con denuedo por conectar la populosa e industrial Barcelona con el interior peninsular. Su inteligencia, su entrega y su capacidad le permitirían vencer los repetidos obstáculos con que había de encontrarse. Las consecuencias de la quiebra del constructor de la línea, de la crisis financiera de 1866 o de la tercera guerra carlista, serían superadas bajo la dirección de un hombre incansable acostumbrado a la lucha que, a pesar de tanta adversidad, lograría convertir a la Cía. en un referente para el resto de las de Cataluña.

Pero el reconocimiento a su capacidad pronto adquiriría una nueva dimensión. Tras años de problemas y fracasos en el intento de establecer la conexión ferroviaria con Francia y cuando las esperanzas parecían diluirse, sería la preclara visión y la audacia de D. Claudio la que lograría desbloquear la situación. Mediante la fusión de su Cía. con la de los F.F.C.C. de Barcelona a Francia por Figueras y el rescate de la concesión de la línea hasta la frontera, se abriría un nuevo camino para el enlace entre Francia y España, a través del extremo oriental de los Pirineos. Nacía así la Cía. de los F.F.C.C. de Tarragona a Barcelona y Francia, cuyo Consejo de Administración formado en base a los anteriores consejeros de las compañías fusionadas no tuvo la más mínima duda acerca de quien debía regir una Cía. cuyo primer reto era -ni más ni menos- el de establecer el ansiado enlace internacional, tantas veces aplazado. Nombrado D. Claudio director-gerente de la misma, imprimió tal impulso a las obras de construcción que en tan sólo dos años lograba hacer realidad la deseada conexión. El 20 de Enero de 1878, se inauguraba la línea hasta la frontera con Francia, materializándose el segundo enlace internacional español, esta vez por los Pirineos Orientales.

Deseoso el Consejo de la Cía. de tributar el debido reconocimiento a su labor, celebraba una sesión especial el 25 de Enero siguiente. En nombre del mismo, manifestaba D. Mariano Parellada que habían sido "extraordinarios los servicios que había prestado a la Compañía el señor director-gerente hasta el día en que merced a sus constantes esfuerzos de inteligencia, previsión y perseverancia la locomotora ha podido llegar a enlazarse en la frontera con la red de todos los ferrocarriles europeos". Tras pedir para él "el más cordial y entusiasta voto de gracias", solicitaba se le transmitiese al Sr. Planás copia íntegra del acta "para que se sirviese conservar este sencillo pero glorioso recuerdo de la gratitud que le debían la compañía y el país por su gran obra, y de la alta estimación y amistad que merecía de sus compañeros que se honraban con merecer a su vez la suya". No contento con ello y a propuesta de D. Roberto Robert, el Consejo acordó que cuando estuviera construida la nueva estación de la Cía. en Barcelona, se fijase en el salón de sesiones "una lápida conmemorativa del enlace de nuestra red con la de la Compañía de los Ferrocarriles del Midi, dedicada al señor don Claudio Planás y Armet, para que conste en todo tiempo que a su genio y constancia se debe principalmente la realización de esta esperanza del país".

Durante los años siguientes se entregaría D. Claudio sin desmayo a la dirección diaria de la Cía. El próximo paso de importancia sería el de lograr el enlace en Barcelona de sus líneas de Tarragona con las de Gerona. Después de vencer -nuevamente- toda suerte de dificultades, conseguiría que el 20 de Octubre de 1882 entrara en servicio el ramal de conexión a través de la zanja de la calle de Aragón. Europa quedaba unida -sin interrupción y por el centro de la ciudad condal- al resto de España.

Sin embargo, en su permanente intento por situar a la Cía. en las más altas cotas, no dejaría D. Claudio de estudiar una sola posibilidad de ampliar la red, bien fuera mediante la absorción de líneas -como las de la Cía. de los F.F.C.C. Directos de Madrid y Zaragoza a Barcelona- o por medio del planteamiento de ramales -a Bañolas, a Igualada y Balaguer, etc-. Aun así, el gran proyecto que D. Claudio decidiría acometer, lo constituiría sin duda el de una segunda conexión -mucho más corta que la de Manresa y Lérida- con la capital aragonesa. Serían precisamente las dificultades financieras derivadas de los elevados costes de construcción de esta línea y de la imposibilidad de realizar en el mercado barcelonés el capital necesario para proseguirla, lo que -en unos momentos de crisis que comportaba la caída de rendimientos de la totalidad de las empresas- llevaría sin remedio a pactar la integración de la red en la de la Cía. de los F.F.C.C. de Madrid a Zaragoza y a Alicante.

En el loable intento de creación de este gran eje integrador con el mercado interior español -del que también formaba parte la línea de Valladolid a Ariza y por el que se preveía un permanente flujo, tanto de harinas y cereales como de productos manufacturados- se dejaría la Cía. su propia existencia. Ya no sería posible -como se había soñado- ver durante años aquellos trenes lucir orgullosos las siglas T.B.F. mientras recorrían incesantes las nobles tierras de Castilla.

Pero como si de una prolongación en el tiempo se tratase, sería precisamente uno de los hombres de D. Claudio, D. Eduardo Maristany Gibert -nieto de D. Manuel Gibert, presidente en su día de la Cía. del F.C. de Mataró-, el llamado a dirigir la que había de tomar posesión de todo aquello con tanto esfuerzo construido y tan dolorosamente entregado. En él había sabido ver D. Claudio, desde el primer momento, su indiscutible valía. Puesto al frente de las obras de construcción de la línea de Caspe y del difícil túnel que debía practicarse, recibiría por su perforación -obra maestra de ingeniería- el título de marqués de la Argentera. Con los años y tras su responsabilidad al frente de la denominada Red Catalana, llegaría a hacerse cargo de la Dirección General de la Cía. de los F.F.C.C. de Madrid a Zaragoza y a Alicante.

Había desaparecido la Cía. pero quedaba su obra. La obra -fundamentalmente- de la visión, la entrega y la capacidad de un hombre. Un insigne catalán. Un hombre íntegro, decidido y generoso. Enérgico e inflexible cuando era necesario, pero dispuesto siempre a toda justa concesión (desde la entrega de terrenos para el cementerio de Port Bou o la construcción de su iglesia, hasta la rebaja o la gratuidad en el pasaje para pobres y enfermos). Un hombre que tras la vinculación ferroviaria de su padre y auxiliado de sus hermanos -D. Estanislao Planás jugaría siempre un importante papel en la Cía. de T.B.F.- vendría a recoger en sus manos el fruto del esfuerzo de nuestros pioneros (no hay que perder de vista que en la de los F.F.C.C. de Barcelona a Francia por Figueras -con la que se fusionó la de Tarragona a Martorell y Barcelona- habían confluido en 1862 las primitivas Cías. de los F.F.C.C. de Mataró y de Granollers). Un hombre, en definitiva, que vivió por y para el ferrocarril y que a través, primero de la Cía. de los F.F.C.C. de Madrid a Zaragoza y a Alicante y después de la Red Nacional de los F.F.C.C. Españoles, nos ha legado a los ciudadanos de hoy algo tan importante como un considerable y significativo pedazo de nuestra red ferroviaria actual. Y -no lo perdamos de vista- la conexión ferroviaria oriental entre Francia y España.